Capítulo 1
Las estrellas temblaban como ranas sin agua y gemían de manera fulera cuando Grisha penetró en el bosque que lo rodeaba en busca de hongos, aquellos que aún cuando no pertenecían a ninguna especie le resultaban conocidos. Quizá por la conexión que mantenían desde épocas inmemoriales. Él mismo fue hongo en otra vida, una vida repleta de esporas, que lo empujaban a la alergia y a las más elaboradas pantomimas.
Con el simple acto de inclinarse sobre el suelo y recoger un hongo Grisha ponía en funcionamiento toda una serie de pensamientos que, en conjunto, formaban su mente. Su resolución del antiguo dilema produjo efectos insospechados, la topología y hasta la fisonomía del universo como lo concebía entonces el hombre, inesperadamente, produjo un cambio en la posición del punto de encaje que acrecentó la visión de la conciencia viajera, la conciencia sutil. Aunque el punto de encaje creaba una discontinuidad, la percepción se inclinaba hacia mundos insulares: el mundo femonénico se apagaba y las cosas tal cual eran se encendían, eran pura luz única y final.. Todo radicaba en la velocidad con que movía el punto de encaje.
A veces se reía a carcajadas, no porque fueran alucinógenos Su grito de absoluta libertad resonaba hasta los confines del bosque.
Se había liberado de tener que soportar un alma.
Pensaba cuando se agachaba a recoger alguno de esos honguillos que no le era posible inferir acontecimientos futuros desde los que ahora, se presentaban en su horizonte, a veces lumínico otras veces con oscuridad de tempestad contra la costa de algún acantilado del este. Detestaba las supersticiones. La falta de fe en los nexos causales obraban, para el, como un buen antídoto.
Acaso trabajaba con conjeturas ingeniosas sobre las vidas futuras; o amarreteaba el simple transcurrir de los sucedáneos ? Esto no era posible afirmarlo pero tampoco negarlo.
La vía del medio era su preferida por sobre cualquier atajo.
Más allá de las posibilidades conjeturales que le atribuía a las vidas del futuro que aceptaba o bien las dejaba diluir en la serenidad de su conciencia sutil. Lejos, muy lejos de las emociones que podrían perturbarlo. No le daba ninguna importancia al pasado y el futuro no parecía preocuparle.
Además era requerido por las grandes universidades del mundo, a partir de su resolución del teorema de poincaré.
Una súbita turbación, ya en las profundidades del bosque, se adueñó de su mente y comenzó a ver todas las formas a su alrededor geométricamente redondas, él mismo se percibía como una esfera.
Pensaba: Habrá sido con estos mismos hongos que David curaba a Saúl cuando este deliraba ?

Escribe un comentario