Capítulo 16
En el juego de los afectos y el deseo pensaba Tsonam cuando descendió del ómnibus que lo depositó en aquel pueblito rodeado de sierras. Primero buscó un lugar para tomar un buen desayuno. No más cruzar la estación de buses encontró uno que sonaba a alemán. Puso su equipaje portátil a un costado de la mesa y se dedicó a estudiar las opciones de desayuno que le convenían.
Pensó que la cara de la moza que lo atendía se parecía exactamente al de una hindú que había conocido en Benarés. Su recuerdo lo transportó de inmediato al ganges y a las formas y los fuegos que lo rodeaban desde ambas orillas. Pasó –a modo de relámpago en la noche sin luna- impactando en su memoria del recuerdo, el cementerio de chichicastenango .
Tanto Tsonam como la moza, funcionaban en aquél fulmíneo instante a través de sus diferencias recíprocas, a su vez, la joven serrana quedó intrigada por su aspecto, parecía un viajero eterno, un buscador insondable pero, también, percibió en el hombre que estaba atendiendo cierto misterio, el fulgor que irradiaba su mirada, directa, y que hacia desviar los ojos de sus casuales interlocutores, eran los atributos menos importantes y eran ocultados a la atención que ejercía el otro. A lo lejos… la forma bicéfala de jano tomaba vuelo propio…

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