Capítulo 60.-
Tsonam esa noche tuvo un sueño que, al despertar, no supo bien si era del todo auspicioso.
Estaba entre dos salones, en una fiesta.
En uno de ellos, -una especie de cono de luz-, la gente bailaba y charlaban al azar pero todos, absolutamente, estaban con máscaras. Tsonam soñaba con plena conciencia que era él quien soñaba. Le constaba, pues podía ver sus propias manos en ese doble estado en que se encontraba.
Vio que las máscaras que usaba la gente estaban en su mayoría rasgadas, la pintura saltada, deshilachadas. Si miraba fijamente hasta podía ver los rasgos ocultos por la máscara.
En el sueño vio que también había otra fiesta donde la gente estaba a su antojo sin máscaras. Avanzó los pocos pasos que separaban conos de luz y en cuanto puso un pie en el mundo de los sin máscara, este desapareció, se sumergió como un delfín en aguas oscuras.
En su lugar se encontró con el alba en el jardín del castillo.
Hacia el mediodía escribió en su libreta moleskyne : “ …la palabra perdida quiere reconstituirse. Esto lo noté anoche cuando en la fiesta los azorados invitados daban vueltas alrededor del billar como en una ronda. Habían descubierto que la línea recta de las palabras era precisamente el camino de las pupilas ardientes, lo dibujaron con tiza sobre el tapete verde…. No pensar más en el cabrito de cinco patas que vi esta mañana…”

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